Pasaban 5 minutos de las 19 horas, el talgo pendular se retrasa, Romualda en el anden 2 de la estación de Villena, quiere que no llegue, que pinche, que se estrelle, lo que sea, pero que se postponga otra vez, otra semana piensa ella.
Al pasar por la curva del molinico, la máquina toca el claxón que se oye perfectamente en la estación. Ya llega, ahora si, la partida de Romualda es irrevocable.
Son muchos los jovenzuelos y los no tanto, que semanalmente parten hacia las capitales cercanas a continuar con sus estudios o trabajos. Para Romualda es un paso difícil, complicado, hasta hoy todo lo había tenido en Villena, pero por azar, albur o váyase usted a saber qué.
Hoy empezaba un gran giro en su vida, algo que la marcará notablemente, o no, quién podrá saberlo.
Está triste, asustada, insegura, pero intenta disimular. No puede, el acongojo junto con el acojono la superan, se sabe de memoria el cuento; el viernes estás aquí, lo vas a pasar a bien, si te supera te vuelves y ya está...Pero no le convence nada, ella sabe lo que le conviene y por eso lo hace, pero ¡joder! no se puede hacer aquí, en este puto pueblo. Con lo tranquila que está ella con su vida.
Cuenta con el apoyo de Gregorio, su marido, compañero incansable, juntos han alcanzado su madurez, después de 15 años juntos, inseparables hasta el aburrimiento. Pero llegan tiempos dispares. Él la ve partir, se la hace difícil, se siente extraño.
De vuelta casa, medita tranquilamete en el sofá, le falta algo, la primera noche sin ella, sin discutir por cualquier tontería. La cama ha crecido, hoy es inmensa. Han sido muchas las noches, o algunas, las que han dormido solos, el difícil horario de Rumualda hacía qué, en ocasiones, después de alguna reunión de trabajo, Gregorio llegará cuando ella ya se iba a trabajar. Esta noche es diferente, por que tendrán que pasar muchas noches hasta que ella vuelva.
Al pasar por la curva del molinico, la máquina toca el claxón que se oye perfectamente en la estación. Ya llega, ahora si, la partida de Romualda es irrevocable.
Son muchos los jovenzuelos y los no tanto, que semanalmente parten hacia las capitales cercanas a continuar con sus estudios o trabajos. Para Romualda es un paso difícil, complicado, hasta hoy todo lo había tenido en Villena, pero por azar, albur o váyase usted a saber qué.
Hoy empezaba un gran giro en su vida, algo que la marcará notablemente, o no, quién podrá saberlo.
Está triste, asustada, insegura, pero intenta disimular. No puede, el acongojo junto con el acojono la superan, se sabe de memoria el cuento; el viernes estás aquí, lo vas a pasar a bien, si te supera te vuelves y ya está...Pero no le convence nada, ella sabe lo que le conviene y por eso lo hace, pero ¡joder! no se puede hacer aquí, en este puto pueblo. Con lo tranquila que está ella con su vida.
Cuenta con el apoyo de Gregorio, su marido, compañero incansable, juntos han alcanzado su madurez, después de 15 años juntos, inseparables hasta el aburrimiento. Pero llegan tiempos dispares. Él la ve partir, se la hace difícil, se siente extraño.
De vuelta casa, medita tranquilamete en el sofá, le falta algo, la primera noche sin ella, sin discutir por cualquier tontería. La cama ha crecido, hoy es inmensa. Han sido muchas las noches, o algunas, las que han dormido solos, el difícil horario de Rumualda hacía qué, en ocasiones, después de alguna reunión de trabajo, Gregorio llegará cuando ella ya se iba a trabajar. Esta noche es diferente, por que tendrán que pasar muchas noches hasta que ella vuelva.


